Aprender a saber ser, te ayudará a saber estar y saber hacer...

En etiqueta y protocolo todo tiene un porqué. He observado que las personas nacen con ese gusto implícito, el cual van desarrollando mientras crecen.

 

Siempre me ha llamado mucho la atención el arte de “saber estar” y, no solamente eso, sino también el arte de “saber ser”. 

 

No se trata de tener, poseer, materialismos frívolos sin sentido. Se trata de como personas busquemos en nuestra individualidad quiénes somos para que podamos ser y podamos estar. Todo está vinculado.

 

Primero viene el ser para luego poder estar, hablando de amistades, familia, compañeros y cualquier persona que esté en nuestro entorno de convivencia.

 

Hoy más que nunca hay que sacar la educación y hacer aflorar lo que hemos aprendido, hay que demostrar la educación , no solamente cuando se conviva con personas de mayor jerarquía, sino también demostrar delicadeza a quienes tienen menos que nosotros. Los buenos modales, la cortesía, la afabilidad deben estar presentes en cada instante. 


Con gran sorpresa he descubierto que el problema no está en los niños ni en los adolescentes, está en los adultos, ya que podemos pensar que la amabilidad quita tiempo, cuando no es así, la amabilidad abre puertas, es una suma de cortesía y demuestra educación. 

 

Alguna vez leyendo me encontré con la pregunta: ¿qué es más difícil?: enseñar o educar? La respuesta es educar, ya que para enseñar se requiere saber, mientras que para educar se precisa ser.

 

¿Te mandaron un correo electrónico? ¡Contéstalo!, ya sea de modo afirmativo o negativo, no quedarás mal siendo breve y conciso. ¿Entraste a un ascensor? ¡Saluda!, no te va a hacer menos persona, sino que te dará más distinción. ¿Te llamaron para ofrecerte algo y no lo deseas? ¡Declínalo!, la etiqueta no implica que tengas que decir siempre que si. 

 

La etiqueta y el protocolo son un arte, el arte de saber desenvolverte decorosamente y con propiedad tanto en lo social como en lo laboral. En nuestras manos está hacer de nuestra casa un hogar mejor, más placentero; hacer de nuestro empleo un trabajo donde, en lugar de criticar a un compañero, le comentes lo bien que se desarrolla en determinado rubro, pero cuando desees realizar una crítica proponte que sea positiva y siempre diciéndola directamente a la persona con discreción para evitar chismes que sólo te dejarán mal y te harán quedar como alguien poco confiable.

 

No dejemos guardados dentro del armario a estos dos útiles instrumentos para sacarlos solamente en las bodas y recepciones, puesto que se requieren a diario para dominar nuestra propia persona y hacer una sociedad más armónica.

 

Gabriela Cano Rubio.