Incluso en los momentos más complicados de la vida, debemos tener un código de conducta adecuado que nos ayude a atravesar los momentos difíciles

 

La etiqueta evoluciona, y en esa continua evolución nos encontramos con diversas formas de decirle adiós a un ser querido o bien, de asistir por el compromiso amistoso o laboral que tenemos a determinado servicio funerario.

En situaciones de duelo, debe haber mucha delicadeza y sutileza. 

Así como la etiqueta está en continua evolución, nos enfrentamos a que hay dos formas de despedirnos de alguien que se ha adelantado:

 

Podemos asistir a su velorio, entierro o acompañar a sus familiares a depositar sus cenizas con una actitud fúnebre y decaídos o podemos asistir a celebrar la vida, situación que sucede cuando una persona mayor ha tenido una vida larga y ha partido para descansar, pero eso es mucho más difícil que suceda cuando se trata de una persona joven, un niño o alguien que tuvo un repentino accidente.

 

Servicio religioso.

Ir a un funeral, también requiere de etiqueta, consideración y sobre todo tacto extremo, ya que hay velorios que se convierten en cafeterías o en un sitio para socializar, sin tener en cuenta a los dolientes y sus sentimientos; situación que a veces ocurre también posterior al servicio religioso, ya que aunque no es el momento de expresar lo que la familia hizo o no hizo en vida del finado, muchas veces toman lugar éste tipo de circunstancias por personas indiscretas.

 

 

El código de vestimenta para un funeral.

Siempre se ha dicho que el doliente debía asistir en negro riguroso y que los allegados, amigos y compañeros deben vestir en colores neutros como el beige, blanco, gris; pero debido a que la vida va progresando, en ocasiones es posible celebrar la vida que la persona que partió vivió, ya que cumplió e hizo lo que tenía que hacer, puede uno ser más relajado y llevar un color vivo porque era el color favorito de quien falleció, cabe mencionar que por muchas personas esto no sería bien visto. Sugiero que nunca se vista de negro a los niños, ya que es conveniente tratar con prudencia el tema de un fallecimiento y más cuando es alguien muy amado por ellos, se deberá guiar al niño con cariño y ternura en cuanto a la ropa que portará y siempre haciéndolo sentir acogido y amado.

Si bien ya comienzan a hacerse tanto los funerales temáticos, como los ataúdes temáticos, nuestras tradiciones y costumbres, junto con nuestra cultura latina, aún demanda respeto a quien falleció, pero ante todo, a la familia. 

 

El protocolo funerario para dar el pésame

En el más estricto modo de recibir el pésame, la familia puede tomar la decisión de recibir las condolencias después de la ceremonia efectuada (dependiendo de la religión), se debe situar al principio de la fila, el hombre más cercano a la persona que murió y, luego de él, seguirían por orden decreciente de parentesco los demás varones; después sucedería lo mismo con las mujeres, la dama más cercana a la persona finada y después seguirían las demás en orden decreciente. La forma precisa y tradicional era estrechar la mano de los familiares a quienes se conocía y abrazar a la persona con quien se tenía mayor cercanía, la inclinación de cabeza se dejaba para las demás personas que estaban recibiendo palabras de consuelo.

 

 

Algunas de las frases más empáticas (sin llegar a serlo del todo son): “fue una gran persona, fue alguien que dejó un ejemplo para nosotros”. Pero a veces puede haber siempre una acción que hable más fuerte que una frase y eso sería el llevarle un paquete de pañuelos desechables que nunca sobran, el llevarle algo de comer que hayas comprado fuera de la cafetería del servicio y que luzca apetecible ya que tal vez el doliente a quien has ido a acompañar no ha comido y no tiene ni ganas, pero es un detalle de exquisita delicadeza.

En cuestión de protocolo funerario se podría escribir mucho más, sin embargo el mundo se ha ido transformando, ha caído en desuso el luto riguroso y han tomado su lugar las celebraciones a la vida, los velorios temáticos y los “funeral planners”. Todo es cuestión de evolución y respeto.

 

Gabriela Cano Rubio.